Camino de Santigo

Inteligencia emocional en aulas gallegas: Formación para maestros

Adolescentes en un amanecer en la montaña

Tabla de contenidos

Introducción

Contexto actual de la educación emocional en el sistema educativo

En esta entrada se va a abordar el tema de la Inteligencia emocional en aulas gallegas: Formación para maestros . Aunque en los últimos años la inteligencia emocional ha ido ganando peso dentro del ámbito de la eduacación, todavía existen carencias importantes en muchos centros educativos. Estas áreas de mejora hacen evidente la necesidad de seguir avanzando hasta lograr que la formación en inteligencia emocional ocupe el lugar que merece dentro de las aulas. Su correcta integración no solo beneficia al alumnado, sino que también resulta clave para el bienestar y el desarrollo profesional de los docentes, especialmente en contextos educativos como las aulas gallegas.

Tal y como recoge la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) en su portal web, la inteligencia emocional se ha consolidado como uno de los debates más relevantes y positivos dentro del entorno educativo actual. Diversos estudios recientes de gran relevancia señalan que los estudiantes con mayores competencias emocionales no solo alcanzan un mejor rendimiento académico, sino que también disfrutan de un mayor bienestar personal, social y emocional. Estos datos refuerzan la importancia de apostar por una formación específica para maestros, que les permita acompañar al alumnado de forma integral y adaptada a las necesidades reales del aula.

Relevancia de la inteligencia emocional en el ámbito escolar

En el contexto educativo actual, marcado por una exigencia cada vez mayor, tanto docentes como estudiantes se encuentran inmersos en una constante vorágine de estímulos y presiones de todo tipo: sociales, académicas y económicas. Ante esta realidad, la inteligencia emocional se ha convertido en una herramienta fundamental, no solo para favorecer el éxito académico y el bienestar personal, sino también para abordar un aspecto que durante mucho tiempo quedó en un segundo plano: la gestión del fracaso en la vida cotidiana.

Aprender a identificar, comprender y regular las emociones que surgen en situaciones adversas permite generar transformaciones internas profundas. Estas transformaciones impulsan el desarrollo de habilidades como la resiliencia, la autoestima y la capacidad de adaptación. Desde el ámbito de la educación, trabajar la inteligencia emocional ayuda a que las personas sean capaces de sobreponerse a las dificultades y continuar su camino hacia una vida más equilibrada, en la que el bienestar emocional se vea menos condicionado por el entorno y las circunstancias externas.

Marco territorial: la realidad educativa en Galicia

La realidad educativa actual muestra que cada vez son más los centros que han incorporado talleres, cursos y diferentes acciones formativas relacionadas con la inteligencia emocional. Este avance responde, en parte, al deterioro del clima convivencial que se ha detectado en muchos entornos educativos, donde se observan con mayor frecuencia conflictos de diversa naturaleza. También es fruto del trabajo riguroso de profesionales de la neurociencia y la psicología, que han sabido divulgar y respaldar con estudios los beneficios de una adecuada formación en inteligencia emocional dentro del ámbito educativo.

Sin embargo, la pregunta que se plantean muchos expertos sigue siendo la misma: ¿es suficiente con estas iniciativas puntuales? Todo apunta a que una educación emocional eficaz requiere una planificación sólida y bien estructurada. Además, su correcta implantación debe estar en manos de profesionales cualificados y acompañarse de un seguimiento estable y continuo. Este compromiso no solo compete al profesorado, sino a todo el conjunto de la comunidad educativa, que juega un papel clave en la creación de entornos de aprendizaje más saludables, equilibrados y emocionalmente conscientes.

Imagen de lápices de colores en un bote transparente

Qué es la inteligencia emocional aplicada a la educación

Definición y fundamentos teóricos

El término inteligencia emocional comenzó a tomar forma en el ámbito académico a principios de los años noventa. Fueron los psicólogos Peter Savoley, de la Universidad de Yale, y John D. Mayer, de la Universidad de New Hampshire, quienes introdujeron este concepto en 1990 a través de su artículo Emotional Intelligence. En dicho trabajo, definieron la inteligencia emocional como la capacidad de reconocer, comprender, regular y emplear las emociones de manera eficaz, tanto a nivel personal como en la interacción con los demás.

Posteriormente, el concepto trascendió el entorno académico y alcanzó una amplia difusión gracias a Daniel Goleman, psicólogo y periodista científico. En 1995, la publicación de su libro Inteligencia Emocional marcó un punto de inflexión, al acercar esta idea al público general. Goleman amplió la visión inicial y puso el foco en la influencia de la inteligencia emocional en el desempeño profesional, el liderazgo, la educación y el bienestar personal, señalando que, en muchos casos, estas habilidades resultan más determinantes que el coeficiente intelectual tradicional.

Principales competencias emocionales en el aula

Es evidente que las aulas necesitan un componente formativo y educativo centrado en la gestión emocional, un espacio que ocupa de manera esencial la inteligencia emocional. Según la Universidad Europea, los docentes desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de estas competencias en sus alumnos. Por ello, es clave que, en primer lugar, los maestros estén adecuadamente formados en este campo, y en segundo lugar, que tengan claras sus competencias y funciones dentro del aula.

Los docentes deben actuar como modelos a seguir, demostrando sus propias habilidades emocionales en el contexto educativo. De esta manera, pueden crear un ambiente de aprendizaje positivo y seguro, donde se fomente la expresión emocional abierta y los alumnos se sientan comprendidos y valorados. Integrar la inteligencia emocional en la rutina diaria del aula implica establecer actividades específicas, como técnicas de respiración, dinámicas para fomentar la empatía mediante la adopción de roles opuestos y, por supuesto, ofrecer apoyo emocional constante. Este enfoque no solo contribuye al bienestar de los estudiantes, sino que también fortalece su capacidad para manejar emociones, resolver conflictos y construir relaciones saludables dentro y fuera del aula.

Beneficios para alumnado y profesorado

Los beneficios de la inteligencia emocional son claros y han sido ampliamente estudiados por diversas universidades de prestigio a nivel mundial. La Universidad Europea, por ejemplo, destaca las múltiples ventajas que aporta la formación en educación emocional. Entre ellas se encuentran la mejora del clima escolar, un mayor éxito académico y profesional, relaciones interpersonales más saludables, desarrollo de resiliencia frente a la adversidad y un bienestar general más sólido.

Hoy en día, existe un consenso casi unánime en la comunidad científica sobre la importancia de trabajar la inteligencia emocional, especialmente en el entorno educativo. Como se ha mencionado anteriormente, si esta formación se inicia desde edades tempranas, permite desarrollar capacidades fundamentales para formar individuos más completos y resilientes. Personas capaces de afrontar la vida con equilibrio emocional, gestionando sus emociones de manera autónoma sin depender exclusivamente del contexto o de las circunstancias que los rodean.

Situación de la inteligencia emocional en las aulas gallegas

Diagnóstico del sistema educativo gallego

En los últimos años, la integración de la inteligencia emocional en las aulas ha ido progresando de manera constante. Sin embargo, como señalaba un artículo de La Voz de Galicia en 2029, todavía no existe un consenso claro sobre el peso que la educación emocional debe tener dentro del sistema educativo, aunque todos coinciden en que es un asunto prioritario que debe abordarse. Esta falta de acuerdo ha llevado a que las administraciones educativas no ofrezcan soluciones concretas, sólidas y estructuradas sobre cómo implementar una formación efectiva en inteligencia emocional en los centros escolares.

En 2024, la Xunta de Galicia reconoció la educación emocional como un reto que requiere la implicación de toda la sociedad, destacando la evidencia científica sobre los múltiples beneficios que aporta. En los últimos años, muchos centros educativos han comenzado a consolidar bases sólidas que podrían servir para desarrollar estructuras internas dedicadas a la formación emocional. Contar con espacios y recursos adecuados permitirá ofrecer una educación integral que, según la ciencia, será clave para garantizar el bienestar emocional de jóvenes y adultos. A largo plazo, esta formación contribuye a construir un entorno educativo y social equilibrado, donde valores como el respeto y la empatía se convierten en pilares fundamentales para garantizar un futuro más saludable y armonioso para todos.

Necesidades detectadas en centros de educación infantil, primaria y secundaria

En los últimos tiempos, diversos expertos han identificado una serie de factores que influyen directamente en la salud emocional de los jóvenes. La jefa de Psiquiatría Infantil del Hospital Universitario Niño Jesús destaca como factores de riesgo el aislamiento social, la presión académica y el impacto de las redes sociales. Ante ello, hace un llamado urgente a la comunidad educativa para implementar y reforzar programas de intervención temprana, con el fin de prevenir problemas futuros como ansiedad, depresión o trastornos alimentarios. Esto subraya la necesidad de que los profesionales docentes actualicen su formación en inteligencia emocional.

Por su parte, Marc Masip, psicólogo y autor reconocido, coincide en los riesgos que generan los contenidos de las redes sociales a edades tempranas. Al igual que la experta anterior, apuesta por abordar la problemática desde el entorno educativo mediante programas que fomenten un equilibrio digital y promuevan la colaboración activa entre escuelas y familias, con el objetivo de reducir la dependencia tecnológica de los jóvenes.

La catedrática Mireia Orgilés, de la Universidad Miguel Hernández de Elche, añade que otros factores de riesgo incluyen los cambios en las dinámicas familiares, la sobreprotección y la sobreexposición a medios digitales. Todo ello pone de manifiesto la urgencia de actuar: los centros educativos conocen el contexto y cuentan con ciertas herramientas, pero surge una pregunta clave: ¿es suficiente con talleres puntuales, cursos o espacios concretos, o es necesario establecer asignaturas, protocolos claros y formación con un peso horario determinado para abordar la problemática de raíz? La magnitud de los retos emocionales a los que se enfrenta la sociedad deja clara la respuesta: es imprescindible actuar de manera estructurada y sostenida.

Tizas de colores con fondo negro

Importancia de la formación en inteligencia emocional para maestros

El rol del docente como gestor emocional

En el contexto educativo actual, el rol del docente va mucho más allá de la simple transmisión de contenidos o funciones didácticas. El profesorado es una figura clave en la creación de un clima emocional positivo, ya que solo en un entorno emocionalmente seguro y saludable los estudiantes pueden desarrollar plenamente no solo sus capacidades intelectuales, sino también sus habilidades emocionales.

Un ambiente emocional favorable en el aula favorece la motivación, la concentración y el aprendizaje significativo. Del mismo modo, el bienestar emocional del propio docente resulta fundamental: para ofrecer lo mejor de sí mismo, necesita sentirse motivado, tranquilo y valorado. Cuando el profesor trabaja en un entorno agradable, la pasión por la enseñanza y la implicación profesional se fortalecen de manera natural.

No obstante, el aula no siempre es un espacio sencillo. En ella pueden surgir tensiones, frustraciones, conflictos y desafíos constantes. Saber gestionar estas situaciones forma parte esencial de la labor docente. Por este motivo, es imprescindible que el profesorado cuente con formación en inteligencia emocional y que haya trabajado previamente su propio desarrollo personal.

Entre las competencias emocionales básicas que un docente debe fomentar y practicar se encuentran la adaptabilidad, la resiliencia, la conexión emocional, el autocuidado y una adecuada gestión del estrés. Además, el profesor debe convertirse en un modelo a seguir, demostrando con su ejemplo habilidades emocionales, creando un entorno de aprendizaje seguro y positivo, integrando la inteligencia emocional en su planificación educativa y ofreciendo un apoyo emocional real a su alumnado.

Impacto en el clima escolar y la convivencia

El impacto positivo de una adecuada formación en inteligencia emocional en el clima escolar y en la convivencia educativa está ampliamente demostrado. Cuando docentes y estudiantes desarrollan habilidades emocionales, se producen mejoras significativas en la forma en que se relacionan y gestionan los conflictos dentro del entorno escolar.

Existe una relación directa entre una mayor capacidad para gestionar las emociones, el incremento de la empatía y la resolución pacífica de conflictos. Como consecuencia, se reduce notablemente la aparición de conductas disruptivas y disminuyen los casos de acoso escolar. Este trabajo emocional preventivo no solo mejora la convivencia diaria, sino que también fortalece el bienestar individual y colectivo.

Todo ello conduce a resultados globales muy positivos: un mejor clima educativo, un mayor rendimiento académico y la creación de un entorno seguro, respetuoso y colaborativo, donde el alumnado puede desarrollarse de forma integral, tanto a nivel académico como emocional.

Imagen mano pintada de colores

Relación entre bienestar docente y rendimiento académico

Aunque pueda parecer una cuestión evidente, la sociedad y muchas instituciones educativas aún tratan de manera superficial un aspecto que debería abordarse con urgencia: el estado emocional del docente y el clima emocional que se genera en el aula. El bienestar emocional del profesorado influye de forma directa en el ambiente educativo y, a su vez, tiene un impacto claro en el rendimiento académico del alumnado. Es difícil esperar buenos resultados de una mente agotada. Cuando la tarea principal es enseñar, el desgaste emocional del docente se convierte en un problema estructural del sistema educativo. Un profesorado emocionalmente sobrecargado ve limitada su capacidad para motivar, innovar y conectar con sus estudiantes.

Además, la falta de habilidades en gestión emocional aumenta la probabilidad de sufrir estrés crónico, lo que repercute negativamente en la creatividad, la motivación y el compromiso profesional. Este mismo principio debe aplicarse también al alumnado: el bienestar emocional es una condición indispensable para aprender.

Por ello, la formación en inteligencia emocional debe plantearse de forma bidireccional, dirigida tanto a docentes como a estudiantes. Solo así se puede construir un entorno educativo saludable y equilibrado, donde se cuide la salud emocional de todos los actores implicados y, en consecuencia, se mejore de manera real la calidad educativa.

Programas de formación en inteligencia emocional en Galicia

Iniciativas impulsadas por la Xunta de Galicia

Desde la Xunta de Galicia se han puesto en marcha diversas iniciativas orientadas a mejorar el bienestar emocional, un aspecto estrechamente vinculado a la formación en inteligencia emocional. Estas acciones pueden suponer un antes y un después en la forma de entender y cuidar la salud emocional, contribuyendo a una mayor concienciación social sobre la importancia de este tipo de intervenciones.

Muchos de estos programas se implantan en centros educativos y se extienden también a otros ámbitos de la sociedad, con el objetivo de ofrecer apoyo emocional, prevenir dificultades y fomentar una convivencia más saludable. Su enfoque preventivo y educativo refuerza la necesidad de integrar la inteligencia emocional como una competencia clave desde edades tempranas.

Entre las iniciativas más destacadas impulsadas por la Xunta de Galicia se encuentran el Programa Educación Responsable, el Plan de Bienestar Emocional, el Contrato-Programa Emociona-T, las Unidades de Acompañamiento, la Estrategia Gallega de Convivencia Escolar 2025 y el Plan Integral de Bienestar Digital, todos ellos orientados a promover el equilibrio emocional y el desarrollo personal en la comunidad educativa y social.

Colaboración con universidades y entidades especializadas

Dentro de este contexto, resulta especialmente relevante destacar la colaboración entre la Xunta de Galicia y las tres universidades gallegas. En noviembre de 2025, la Xunta firmó un convenio de colaboración con la UDC, la USC y la UVigo con el objetivo de impulsar el bienestar emocional del alumnado universitario.

Esta iniciativa contempla la creación de un protocolo de acompañamiento psicológico, así como una dotación económica de 60.000 euros, distribuidos en 20.000 euros por universidad, destinada a acciones de formación y divulgación. El objetivo principal es cuidar la salud mental de la población joven en el ámbito universitario, ofreciendo recursos que faciliten la gestión emocional y la prevención de posibles dificultades.

Entre las acciones previstas se incluyen actividades formativas y divulgativas centradas en la educación emocional, la prevención de conductas de riesgo y el fortalecimiento de valores igualitarios. El enfoque es integral, incorporando también la educación afectivo-sexual y la prevención de conductas violentas, aspectos clave para el desarrollo personal y social del alumnado.

Este acuerdo se enmarca dentro de la Estrategia Gallega de Convivencia Escolar y responde a la necesidad de mejorar la salud emocional de los jóvenes ante los retos propios de esta etapa vital, como los cambios de residencia, el distanciamiento del entorno familiar o la creciente exigencia académica.

Chicas en un banco de un parque

Formación inicial frente a formación continua del profesorado

En ocasiones surgen discrepancias a la hora de abordar la formación del profesorado. Tal y como se ha señalado, vivimos en una sociedad marcada por altos niveles de estrés, derivados de múltiples factores como las presiones sociales y familiares, el impacto de las redes sociales o el encarecimiento del coste de la vida, entre otros.

Para poder desempeñar el trabajo diario de manera eficaz, resulta fundamental contar con un equilibrio emocional adecuado, ya que este influye directamente en la calidad de la labor profesional y en el bienestar personal. En este sentido, se considera que la fase inicial de cualquier proceso formativo debería centrarse en una formación integral en inteligencia emocional, que sirva como base para abordar posteriormente otros contenidos más específicos y técnicos del desempeño profesional.

Una vez consolidada esta primera etapa, la formación debe ser continua, atendiendo a los aspectos emocionales que afectan a cada persona en su realidad cotidiana. De este modo, se favorece el mantenimiento y la transmisión de un equilibrio emocional que permita crear contextos laborales y vitales saludables, funcionales y sostenibles, tanto para los profesionales como para las personas con las que interactúan.

Contenidos y metodologías de la formación docente

Habilidades emocionales clave que se trabajan

Las habilidades que se buscan desarrollar son precisamente los cinco componentes clave de la inteligencia emocional: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales.

Estrategias prácticas para el aula

Para el desarrollo de la inteligencia emocional se propone trabajar en dos fases complementarias.

En la primera fase, el objetivo es crear un contexto propicio que permita realizar actividades concretas mientras se sientan las bases del autoconocimiento. Este entorno debe estar diseñado para generar un ambiente seguro, fomentar el diálogo abierto, modelar comportamientos emocionales positivos, enseñar técnicas de autorregulación, promover el trabajo en equipo e integrar recursos como historias o literatura que faciliten la reflexión sobre las emociones.

La segunda fase se centra en la práctica activa mediante actividades más específicas, como llevar un diario de emociones, participar en círculos de diálogo, realizar role playing, leer cuentos emocionales o desarrollar proyectos de servicio comunitario. Estas experiencias permiten aplicar lo aprendido, fortalecer habilidades emocionales y fomentar la comprensión y gestión de las propias emociones en situaciones reales.

Metodologías activas y aprendizaje experiencial

Dentro de la metodología activa y el aprendizaje experiencial se sitúa precisamente la segunda fase mencionada anteriormente. La idea principal es que es fundamental colocar a la persona en situaciones reales donde pueda expresarse, sentir y comprender sus emociones.

Aunque el marco teórico aporta conocimientos esenciales, es la experiencia práctica la que realmente permite interiorizar el aprendizaje. Por ello, tanto docentes como estudiantes participan en actividades reales donde, además de experimentar emociones, reciben explicaciones y orientación sobre las emociones surgidas durante la actividad. Este enfoque facilita una profunda interiorización de la experiencia, que luego puede aplicarse de manera efectiva en la vida cotidiana de cada persona.

 

Imagen de un libro y un bolígrafo sobre una mesa de maderaResultados y beneficios observados en los centros educativos

Mejora del rendimiento académico

Actualmente, cada vez son más los investigadores que reconocen la relación entre la educación emocional y el rendimiento académico, aunque todavía existe cierto escepticismo entre algunos expertos. Lo que sí se puede afirmar con claridad es que una educación emocional eficiente y continua proporciona a los estudiantes las herramientas necesarias para afrontar los retos del estudio de manera más efectiva.

Por ejemplo, un alumno que sabe gestionar el estrés y los nervios tiene más posibilidades de enfrentarse a un examen con éxito, mientras que un estudiante con mayor claridad mental y capacidad de concentración puede asimilar más conceptos en menos tiempo. Estos ejemplos se refieren a la misma persona, mostrando cómo distintos niveles de habilidades emocionales influyen directamente en el rendimiento académico.

En definitiva, la evidencia sugiere que existe una conexión estrecha entre la buena gestión emocional y el aumento del rendimiento académico, reforzando la importancia de integrar la inteligencia emocional como parte esencial del aprendizaje.

Reducción de conflictos y acoso escolar

Como se ha señalado a lo largo de esta noticia, los centros educativos se enfrentan a una realidad marcada por un incremento de los conflictos. En un contexto donde los castigos tradicionales no siempre producen los resultados deseados, entra en juego la inteligencia emocional.

Desde hace años, investigadores, psicólogos y psiquiatras han destacado la necesidad de la educación emocional en las aulas para fomentar y desarrollar capacidades que, aunque deberían ser innatas, requieren formación, como la empatía. Esta habilidad, esencial en la condición humana, contribuye a reducir conflictos y la violencia en el entorno escolar. Sin embargo, su implementación debe ir acompañada de una educación emocional previa y consistente, algo que en ocasiones no se lleva a cabo de manera efectiva, convirtiéndose en una de las causas de esta problemática.

La inteligencia emocional (IE) aplicada a la resolución de conflictos permite identificar, comprender y gestionar las emociones propias y ajenas, transformando tensiones en soluciones constructivas. Esto implica mantener la calma, practicar la empatía, escuchar activamente y comunicarse de forma asertiva, facilitando acuerdos satisfactorios sin escalar la situación.

Cuando se aplica correctamente, la IE puede reducir significativamente los conflictos en los centros educativos. La clave para lograrlo radica en implementar esta formación de manera integral, involucrando a docentes, alumnado y familias, de modo que todos los agentes educativos compartan herramientas y estrategias para un entorno más armonioso y funcional.

Desarrollo integral del alumnado

Uno de los puntos fuertes de la formación en inteligencia emocional es que se concibe como un proceso integral. Una formación adecuada permite que el aprendizaje se extienda a todos los ámbitos de la vida, aumentando la conciencia sobre acciones, hábitos, alimentación, relaciones, toma de decisiones, capacidad de discernimiento y pensamiento crítico, entre otros aspectos.

Por ello, la inteligencia emocional no se limita únicamente al bienestar emocional, sino que se refleja en todas las áreas de la vida cotidiana, influyendo de manera positiva en la manera en que se vive, se trabaja y se interactúa con los demás.

Retos y perspectivas de futuro

Dificultades en la implantación de la educación emocional

Las dificultades para implementar la inteligencia emocional de manera eficaz en los centros educativos incluyen la escasez de profesionales adecuadamente formados, la limitación de horas disponibles en la jornada escolar y, aunque cada vez en menor medida, el escepticismo de algunos de los agentes implicados, como docentes y familias.

Necesidad de recursos y apoyo institucional

El apoyo institucional suele traducirse, en muchos casos, en apoyo financiero, un tema que a menudo genera debate. Como se ha señalado, existen diversas iniciativas y programas destinados a fomentar la educación emocional y, por extensión, la inteligencia emocional. Sin embargo, la pregunta que surge con frecuencia es: ¿es suficiente?

Muchos profesionales del sector consideran que estos esfuerzos no son suficientes, ya que, al igual que en otros ámbitos, no basta con ofrecer solo unos pocos cursos al año. Tal como se ha destacado, la formación en inteligencia emocional requiere un trabajo continuo y sostenido, por lo que resulta necesario buscar un punto de encuentro que permita consolidar un apoyo real y efectivo en el tiempo.

Proyección a medio y largo plazo en el sistema educativo gallego

Teniendo en cuenta las iniciativas impulsadas por la Xunta mencionadas en esta noticia, el aumento de la formación teórica, el creciente interés general por la temática, la repercusión mediática que destaca la necesidad de este tipo de formación y la disposición de los centros educativos a apostar por la educación emocional, así como los resultados observados hasta ahora, todo indica que el incremento de la formación efectiva en educación emocional está avanzando de manera sólida y constante.